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El feminismo no puede ser odio, segregación, dominación, jerarquía.

EL FEMINISMO ES LUCHA POR LO COMÚN.

HABITAR LA DIFERENCIA es una campaña que convoca a la reflexión colectiva
y a la no fragmentación del movimiento feminista.

Reconozcamos las diferencias, poniéndonos en común.

 

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Compartimos el manifiesto emanado de la campaña HABITAR LA DIFERENCIA, que impulsamos desde el espacio feminista Cuerpos parlantes, en Guadalajara, con el propósito de promover un análisis colectivo frente a la fragmentación y proliferación de discursos de odio en redes sociales. Un gesto que incite a imaginar otras formas de relacionarnos. Para iniciar con este posible camino, el de la imaginación, convocamos a encuentros diversos que pongan sobre la mesa las preguntas: ¿qué es lo que nos separa? y ¿quiénes ganan con la polarización que nos desvincula?

MANIFESTAMOS

El feminismo nos inspira a construir relaciones sociales y con el entorno que hagan posible sostener la vida a partir de la descolonización de nuestros cuerpos y de los territorios que habitamos. Es un pensamiento que nos ayuda a comprender cómo opera la dominación:

  • de lo masculino sobre lo femenino
  • de lo humano sobre la tierra, 
  • del imaginario blanco sobre los demás grupos étnicos,
  • de la heteronormatividad sobre la diversidad sexual,
  • del Estado-nación sobre los bienes comunes.

¡El feminismo es lucha por lo común!

Lo común es la calle, es el agua, el verde que cada vez hay menos… Lo común es el aire, el deseo de vivir y de divertirnos. Lo común es lo que hacemos en conjunto: la sociedad, la ciudad, la organización de la vida, el juego y la fiesta a la que nos convocamos.

En lo común está la construcción de las diferencias que nos hacen singulares. Coincidimos en un deseo y una disposición de hacernos presentes ante los demás, aquí y ahora ante sus miradas y sus gestos que dan forma también a nuestra presencia. Ante la mirada de los demás también somos. Dice Audre Lorde: lejos de amenazar al propio ser, las diferencias nos enriquecen cuando confluyen en objetivos compartidos.

El problema no son las diferencias que emergen de la multiplicidad de encuentros y relaciones que tienen lugar en entornos y en escenarios diversos, naturales y culturales. El problema es la definición que el sistema capitalista hace de los cuerpos marcándolos racial y sexualmente para su explotación diferenciada, dice Rita Segato.

Es decir, las diferencias como el sexo y la racialidad no fueron meramente “descubiertas”, sino que se han construido para legitimar jerarquías. No hay sexos ni razas como características de los cuerpos y sus relaciones que los hacen estar naturalmente en guerra, ni dominar o ser dominados, sino que se trata de características que responden a  discursos que son usados para  legitimar la explotación, el sometimiento, la cosificación y la instrumentalización de los cuerpos. Dichas clasificaciones, realizadas desde el discurso científico, no son neutrales sino que históricamente provienen de un grupo de personas que pertenece a un género –masculino, a una clase social –burguesa– y a un momento histórico concreto –el de la sociedad capitalista, por lo que la mirada científica está atravesada por cada uno de esos elementos. Las descripciones “científicas” de los cuerpos –como la división macho-hembra– no son neutrales y es necesario problematizarlas.  ¡La neutralidad no existe!

Las jerarquías se sostienen con marcas, con estigmas, con fronteras y con ideologías que se encuentran socialmente legitimadas. Hoy vemos cómo la misoginia sigue siendo combustible de pactos entre hombres que se manifiesta con una intensa actividad en las redes sociales. El desprecio a las mujeres y lo femenino es uno de los ejes de la expansión colonial-capitalista. La masculinidad dominante como promesa de poder aparentemente siempre en falta, pues no deja de acumular– ahora culpa al feminismo de “empoderar” a las mujeres que rechazan ese dominio. El “incel” (célibe involuntario) es un perfil representativo de esa misoginia, quien hace de su frustración sexual en un arma de odio contra las mujeres. Como muestra Susanne Kaiser, los ínceles “construyen su cosmovisión a partir de piezas pseudocientíficas, tomadas de la biología interpretada de una forma determinista. Sus mensajes difundidos en espacios virtuales mezclan un antifeminismo misógino con un nacionalismo blanco, rozando con el neonazismo que se justifica en términos de psicología evolutiva”.

Vemos con preocupación una oleada de ataques basados en las ideologías tradicionales de la dominación como el biologicismo, la meritocracia y el nacionalismo, en las formas de hacer política de los Estados-nación, en los movimientos sociales así como en el feminismo. Hay grupos feministas que se declaran “contra el borrado de las mujeres” recordando a los cuerpos en transición que su existencia tendrá que pasar por la fiscalización genital, mientras reivindican los “derechos de las mujeres basados en el sexo”. Estos temores son similares a los de la supremacía blanca y su “teoría del gran reemplazo” según la cual, las personas migrantes terminarán con la civilización blanca y cristiana de Europa.

Escuchamos con frecuencia en reuniones a vecinos que dicen sentirse amenazados por las personas que viven en la calle, molestos de que sobrevivan por la solidaridad de otros vecinos y no por el trabajo explotado que sostiene a “la patria como empresa”, como ocurrió en el gobierno de Bolsonaro en Brasil que “asumía la demanda de algunos sectores de la policía brasileña de poder disparar impunemente contra los sin-techo. “La seguridad”, por encima del derecho a la vida”, nos cuenta Amador Fernández-Savater.

En México, el actual gobierno apoyado por un amplio sector de la población ha logrado instaurar una “Guardia nacional”, es decir, una policía militar, como forma legítima de seguridad pública.

De estas maneras se materializa el auge de las ideologías supremacistas. El fascismo se hace viral. Son las características de un pensamiento que se pretende único y total, y que favorece las formas de dominación que ostenta el capital. Un pensamiento único basado en esencias y jerarquías, donde se impone una sola forma de organización social patriarcal, que estructura a la familia y al Estado-nación, obstruyendo otras formas de organización social, horizontales y comunitarias.

Una percepción común

Frente a esta situación pensamos que es necesario, como dice el Comité invisible, generar una percepción común de la realidad, que nos permita tejer estrategias compartidas para frenar las violencias. En el movimiento feminista requerimos de un análisis amplio para comprender lo que está pasando y abrir el diálogo.

Proponemos habitar la diferencia como la proliferación de prácticas cotidianas que se dirigen a imaginar e intentar nuevas formas en nuestras relaciones basadas en el reconocimiento de nuestras singularidades, nuestras necesidades y potencias que se encuentran en el lugar común de la vida. Como dice Yásnaya Aguilar Gil: “el bien individual depende del bien colectivo”. 

Como parte de esta campaña:
  • Denunciamos los discursos de odio como cercamientos, como la fragmentación que impulsa el sistema capitalista patriarcal.
  • Denunciamos que los discursos de odio son altamente rentables para las plataformas digitales que lucran con nuestra comunicación y nuestros deseos.
  • Denunciamos el grave aumento de la militarización de los territorios, sustentado en los discursos fascistoides que reclaman más vigilancia, más policía, más presupuesto militar como “solución” a la “inseguridad”, en vez de preguntarnos cómo hacemos comunitariamente esa seguridad.
  • Reivindicamos al espacio virtual como un espacio seguro para interactuar.
  • Reivindicamos al feminismo como lucha por lo común y una apuesta por el reencantamiento del mundo.
  • Reivindicamos el gozo como un puente para entender mejor aquello que no comprendemos de lxs otrxs y como una posibilidad de disminuir el miedo a la diferencia.
  • Convocamos al encuentro, a la discusión, al análisis colectivo y al intercambio de ideas para problematizar los nacionalismos y su relación con los discursos de odio.
  • Convocamos a analizar cómo se interrelacionan las formas del fascismo y el movimiento feminista: ¿Cómo se infiltra en el movimiento?
  • Convocamos a un mes de reflexión en torno a estos cercamientos para imaginar cómo derrumbarlos y poder organizarnos para frenar las violencias.

¡Tequio, Fiesta y Asamblea! 

Campaña

Fase 1: gráfica

Fase 2: gráfica

Fase 3: círculo de lectura

Fase 4: ciclo de documentales

REELS

REFLEXIÓN COLECTIVA, NO FRAGMENTACIÓN

Del 18 de Abril al 7 de julio de 2023

 

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HABITAR LA DIFERENCIA @ 2023